~~Narra ____~~:
Ya hace una semana que no tengo clase. La Navidad, en estas fechas me inunda la nostalgia, pero a la vez me inunda la felicidad. Sí, la felicidad. Familia, amigos, fiestas, regalos y relax, mucho relax. En vacaciones me gusta despertarme al mediodía, pero hoy no, siento que el día de hoy será especial, tengo ganas de hacer algo, estoy imperativa. Me levanté a las 7:00 cuando me levanté de mi cama, me miré en el espejo, pero rápidamente aparté la vista, me quité la parte de arriba de mi pijama y luego la de abajo, me metí dentro del baño y cerré la puerta.Aquí terminé de desnudarme y abrí el grifo del agua, comprobé que el agua estaba a una temperatura adecuada, quemaba, moví un poco el grifo hacia el agua fría, perfecta. Me metí dentro, y dejé que los chorros me acariciaran desde la cara hasta mis piernas. Cuando salí de la ducha, abrí uno de los cajones para coger una toalla, eran demasiado cortas todas, pero aún así cogí una y me envolví en ella, total solo está Hugo en casa y no estará levantado tan temprano, no, es imposible. Bajé a la cocina y me preparé un chocolate caliente, me apetecía. Abrí una alacena para coger algo con lo que acompañar al chocolate. En la parte más alta vi una caja de bizcochos, mis preferidos, me puse de puntillas e intenté cogerlos. No los conseguía alcanzar, y tenté agarrarlos varias veces más en vano. Entonces, me dí por vencida y me subí a una silla, y por fin pude coger aquellos deliciosos bizcochos. Di un pequeño salto, para bajar de la silla, pero se me soltó la toalla, dejando mi cuerpo desnudo al descubierto. Miré rápidamente mi alrededor, afortunadamente estaba sola y nadie me había visto. Me agaché sigilosamente, recogí la toalla del suelo y me la volví a atar, esta vez con más fuerza. Me tome el chocolate caliente y algún que otro bizcocho, luego deje la taza en el vertedero y el paquete de bizcochos en la misma alacena en donde los había cogido, pero en una parte más baja que en la que estaban. Subí de nuevo a mi cuarto, me cepillé los dientes y me sequé un poco el pelo con otra toalla más pequeña. Me quité la toalla que tapaba mi cuerpo y la dejé en el cesto de ropa sucia, al igual que la toalla del pelo. Abrí el pequeño cajón de una de mis mesillas y cogí ropa interior. Me la puse, y en pocos segundos me estaba poniendo la ropa que me habían regalado mis padres, por `Papá Noel´:
Cogí mi ipod, me puse los cascos y puse la canción de Dyland & Lenny, Pégate más:
Y salí al jardín, eran casi las nueve, el tiempo era agradable y sería innecesario llevar abrigo. Abrí mi bolso y cogí un llavero con la llave de mi moto. Abrí la puerta del garaje con un pequeño mando, que también está en el llavero. Me subí a la moto, y arranqué a poca velocidad, abrí el portal y salí, luego lo cerré. Pasado un cuarto de hora escaso, llegué a una tienda de tatuajes y piercings , aquella tienda ya era familiar para mí desde el año pasado. Espero que no me duela el tatuaje, espero que no. Le puse el candado a la moto y entré en la tienda, allí estaba Manuel, el dueño.
-Hombre, tú por aquí-dijo alegremente.
-Sí-reí-Hace una semana pedí una cita para hacerme un tatuaje, y ya debería haber venido, pero se me olvidó.
-No pasa nada-sonrió levemente-Si quieres te lo hago ahora, no tengo cita hasta las 11:30.
-Oh, pues perfecto, gracias.
-Sígueme por favor.
Entonces, me llevó a la parte trasera, donde había una camilla y todo lo necesario para tatuar.
-___ mira, te enseño como quedará el tatuaje-Me enseñó el boceto.
Me limité a asentir, comenzaba a estar nerviosa.
-Tranquila, túmbate boca a bajo en la camilla.
Le obedecí, y después de bastante tiempo ya había acabado:
La palabra, está escrita en árabe y significa paz.
-Un buen trabajo-Le dije, mirando el tatuaje en el reflejo de un espejo que me había facilitado Javier.
-¿No te ha dolido verdad?
-No.Solo era una pequeña molestia, pero nada que no pueda aguantar fácilmente.
Salimos de la habitación.
-Son 135 euros.
-¿Qué? Me habías dicho 115, pero bueno, no pasa nada...
Javier parecía pensativo.
-No, no. Si te había dicho 115, queda en 115 euros.
Le di el dinero justo, me despedí y salí por la puerta. Le quité el candado a la moto, me subí y arranqué. En realidad, no eran ni 135, ni mucho menos 115, si no 155 euros.Pero como no parecía estar seguro, aproveché, pensé.



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